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Un nuevo método para eliminar los fármacos de las aguas residuales

En los países desarrollados, todo lo que se va por el desagüe termina en una planta de tratamiento de aguas. Allí se descontaminan antes de ser devueltas a la naturaleza o reutilizadas. El proceso de tratamiento de aguas residuales es largo y requiere múltiples pasos: se eliminan metales, patógenos, sólidos suspendidos y disueltos, y hasta los productos químicos sintéticos que se puedan encontrar. Pero, en ocasiones, estos sistemas fallan, y tanto los seres humanos como todo el ecosistema se exponen a algunos de estos contaminantes.

Los residuos de la industria farmacéutica son los más difíciles de eliminar. Según Erik Olson, director del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales de Estados Unidos, el gobierno no regula adecuadamente las plantas de tratamiento de aguas residuales de aquél país, y la contaminación que producen los fármacos es la más abundante.

Un equipo de la Universidad de Swansea en Gales (Reino Unido), junto con la compañía Biotage, ha desarrollado un nuevo método para detectar la contaminación farmacéutica de las aguas residuales. La técnica empleada para la detección estos contaminantes se llama QuEChERS (Quick, Easy, Cheap, Effective, Rugged & Safe, es decir, fácil, rápido, barato, efectivo, resistente y seguro). Pero QuEChERS necesita una gran cantidad de pasos para analizar todos los componentes. Con el nuevo método los investigadores han conseguido disminuir el tiempo de detección de QuEChERS y así reducir los costes. El resultado es «micro-QuEChERS», procesos más cortos y rápidos que también permiten obtener una imagen más clara de las sustancias contaminantes presentes en el agua y así eliminarlas con precisión.

Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, más de 30 millones de estadounidenses viven en zonas donde los sistemas de suministro de agua no son seguros. Aunque no causen un peligro inmediato, los residuos farmacéuticos se van acumulando en el cuerpo humano, y con el tiempo pueden provocar enfermedades. El problema no sólo afecta a la salud humana sino también a los ecosistemas acuáticos. El fármaco que más daño ha causado a las aguas es la píldora anticonceptiva, responsable de la feminización de los peces macho de río y del descenso de sus poblaciones.

Revista Quo

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