Nuestro cerebro puede detectar el campo magnético terrestre

Vivimos rodeados por un campo geomagnético omnipresente que varía en intensidad y dirección según el punto de la superficie terrestre. Hasta ahora, habíamos visto cómo muchas especies, desde bacterias hasta algas y animales, detectan este campo y usan los estímulos geomagnéticos para orientarse y sobrevivir. Algunas aves migran y recorren miles de kilómetros utilizando ese campo. Mamíferos, reptiles y peces escogen lugares específicos para vivir a través de esas mismas señales geomagnéticas. También los topos excavan complejos laberintos subterráneos en la oscuridad.

Son muchas las especies en las que se han encontrado cristales de magnetita que actúan como brújulas. Desde los dientes de los moluscos hasta las células especializadas en el hocico de la trucha arco iris. ¿Y en los humanos? También. Los cristales de magnetita están ampliamente distribuidos en muchas áreas del cerebro. Aunque es un asunto que ha generado mucha controversia desde hace décadas, un nuevo experimento en el Instituto de Tecnología de California acaba de proporcionar la primera evidencia neurocientífica de que los seres humanos disponen también de un sentido geomagnético.

Para averiguarlo, los científicos construyeron una cámara experimental para aplicar un campo magnético controlado y utilizaron electroencefalografía (EEG) para evaluar la respuesta del cerebro a los cambios en ese campo. El EEG registra la actividad eléctrica del cerebro y refleja el procesamiento de la información en muchas neuronas. Enseguida detectaron que los estímulos geomagnéticos pueden procesarse de manera similar. Es el primer descubrimiento de un sentido humano completamente nuevo que se suma a los cinco básicos: visión, oído, tacto, olfato y gusto. Los próximos estudios dirán qué puede hacer este sentido magnético por el ser humano Este sistema sensorial que procesa el campo geomagnético a nuestro alrededor quizás ya lo utilizaron nuestros ancestros nómadas cazadores y recolectores para orientarse y sobrevivir.

¿Cómo funciona un sentido geomagnético biológico?

El campo magnético que genera el movimiento del núcleo líquido del planeta es bastante débil, aproximadamente 100 veces más débil que el de un imán del frigorífico. En los últimos 50 años la ciencia ha demostrado que cientos de organismos tienen la capacidad de detectar y responder a este campo geomagnético. En las abejas melíferas y también en algunos peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos el comportamiento geomagnético es especialmente decisivo. La respuesta podría estar sincronizada con algunos estímulos naturales reflejando un mecanismo biológico que ha sido modelado por la selección natural. Algunos investigadores han demostrado que los cerebros de los animales filtran las señales magnéticas y solo responden a aquellas que son relevantes para el medio ambiente.

Después de este experimento en humanos, los científicos trataran de seguir investigando su comportamiento en nuestra vida cotidiana. ¿Las respuestas cerebrales débiles y fuertes reflejan algún tipo de diferencias individuales? ¿Pueden las personas con respuestas cerebrales más débiles beneficiarse de algún tipo de entrenamiento? ¿Y es posible también entrenar a aquellos con respuestas cerebrales más fuertes para sentir realmente el campo magnético? Son interrogantes que delatan que el alcance total de nuestra capacidad magnética está aún por descubrir.

Revista Quo

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