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Fernando de Magallanes cruza el estrecho que lleva su nombre

Nacido como Fernao de Magalhäes, luego castellanizado como Fernando de Magallanes y más conocido como Hernando de Magallanes, fue un navegante portugués de origen noble al servicio de la corona española siendo designado por la misma como “adelantado”, comendador de la “Orden de Santiago” y capitán general de la “Armada para el Descubrimiento de la Especiería”.

En ese contexto, encontrándose al servicio del rey Carlos I, encabezó la expedición iniciada desde Sevilla el 10 de agosto de 1519 que lo llevó a que el primero de noviembre de 1520, 99 años atrás, navegase el canal que hoy lleva su nombre entre el extremo sur de la Patagonia y la isla de Tierra del Fuego como parte de un viaje de circunvalación que concluyera en 1522 completado bajo el mando de Juan Sebastián Elcano.

Fue la primera circunvalación de la que se tienen noticias realizada por europeos pero la región, incluyendo la Antártida, ya era conocida como lo muestra el mapa de Piri Reis dado a conocer años antes. El viaje se desarrolló siguiendo la costa de América por el Océano Atlántico para regresar por el Océano Pacífico, entonces llamado Mar del Sur, y volver al Atlántico pasando por debajo de Suráfrica.

Magallanes, que a los diez años había comenzado su carrera como paje en la corona portuguesa, tenía un importante conocimiento del Oriente ya que, con 25 años, en marzo de 1505, se había alistado en la armada lusitana que marchó a la India para imponer allí como virrey a Francisco de Almeida. Tuvo una activa participación en la expansión portuguesa en la zona a lo largo de ocho años lo que le valió homenajes y ascensos.

Cuando regresó, ya rico gracias a los botines logados, participó en la Batalla de Azamor, en Marruecos; fue consejero militar del sultán de Ternate, y se dedicó al contrabando con los moros por lo que, tras comprobarse algunas acusaciones al respecto, en 1514 tuvo que aplicarse a otros menesteres y así fue que con el cosmógrafo Rui Faleiro se dedicó a estudiar la existencia de una comunicación entre el Atlántico y el Pacífico.

En base a esas investigaciones fue con Faleiro a Sevilla y allí, en la Casa de Contratación, consiguió un importante aliado en Juan de Aranda y con el apoyo del Obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, logró convencer a Carlos I para ir por el Atlántico y pasar al Pacífico por el sur de América para llegar a las Molucas, las Islas de las Especies, sin navegar los mares que el Tratado de Tordesillas había otorgado a los portugueses.

El 22 de marzo de 1518 Carlos I designó almirantes a Magallanes y Faleiro a quiénes asignó varios privilegios como el monopolio de la ruta a seguir por el término de diez años; la apropiación del cinco por ciento de las riquezas que obtuviesen; el nombramiento de los gobernadores en las tierras que ocupasen; el otorgamiento a cada uno de una isla menor a elección y la decimoquinta parte de las seis mayores, entre otros.

Rodríguez de Fonseca logró que el mercader judío Cristóbal de Haro facilitase parte de la financiación del viaje a devolver con especias. Por su parte el cartógrafo portugués Diego Ribero, de la Casa de Contratación, colaboró en el trazado de la ruta de la expedición, en tanto Magallanes se peleó con Faleiro debido al difícil carácter de éste. Por su parte el rey portugués Manuel I trataba de impedir el viaje y encarcelar a su impulsor.

Las tripulaciones de los barcos de la expedición tenían muy diversos orígenes predominando los portugueses y los vascos. Fue muy importante la presencia del cronista y geógrafo veneciano Antonio Pigafetta, uno de los pocos en regresar con vida a España. Éste escribió un diario de viaje que legó a los estudiosos la posibilidad de tener en el futuro una abundante información sobre ese importante hecho histórico.

El periplo no estuvo exento de problemas. Cuando las cinco naves que componían la expedición llegaron a San Julián, en la hoy Argentina, se produjo una sublevación que Magallanes logró controlar. Alguno de los cabecillas murió en la refriega, el principal fue descuartizado y otros abandonados a su suerte. Otro problema se vivió al llegar al estrecho cuando algunos decidieron pegar la vuelta y volver a España.

El viaje por el Mar del Sur fue muy tranquilo y de allí nació la denominación de Océano Pacífico. Sin embargo surgió un grave problema debido a que los tripulantes de la embarcación que transportaba los víveres habían dado media vuelta y se volvieron a Europa. A partir de entonces cualquier cosa fue buena para comer y así se generaron enfermedades como el escorbuto que provocaron la muerte a no pocos.

Marcelo Bonelli

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