El presidente de México Adolfo López Mateos nacionaliza la industria eléctrica

La energía eléctrica se usó por primera vez  en México el año de 1879, en la fábrica de hilados La Americana, en León, Guanajuato, posteriormente en  1881 la Compañía Mexicana de Gas y Luz Eléctrica alimentó al alumbrado público y residencial en la Ciudad de México; y entre 1884 y 1889, Guadalajara, Monterrey, Mérida y Veracruz también gozaron de ese servicio.

Porfirio Díaz concesionó en 1903 a la canadiense The Mexican Light and Power Company, instalada en la capital a partir de 1898, la explotación de la caída de las aguas de los ríos de Tenango,  Xaltepuxtla y Necaxa, con el consecuente perjuicio de la empresa mexicana. Desde la hidroeléctrica de  este último lugar, se transmitió hacia la Ciudad de México el fluido eléctrico en 1905.

Durante sus primeros años aquí, la conocida también como Mexlight y su filial, la American & Foreign Power; contaban con personal en su inmensa mayoría extranjera, pero conforme pasaron los años, trabajadores mexicanos se fueron capacitando y comenzaron a laborar a la empresa. Sin embargo, con amenazas, instalaciones laborales insalubres, tratos despóticos y hasta  represión por parte de cuerpos policíacos internos, evitaron que los empleados nacionales se organizaran para defender sus derechos, entre otros, el de recibir por las mismas funciones realizadas, salarios iguales a los de los extranjeros.

Como respuesta a la situación anterior, se constituyen, en 1911 la Liga Mexicana de Electricistas y en 1914, el Sindicato Mexicano de Electricistas.

En diversas ocasiones, también el Estado Mexicano tomó medidas para frenar el lucro excesivo: el presidente Álvaro Obregón creó en 1923 la Comisión para el Fomento y Control de la Industria de Generación de Energía Eléctrica y en 1926, el presidente Plutarco Elías Calles expidió el Código Nacional Eléctrico, que fijó requisitos técnicos para construcción, manejo y conservación de las instalaciones eléctricas.

Abelardo L. Rodríguez, presidente constitucional substituto, envió al Congreso de la Unión, en 1933, la iniciativa  para autorizar al Ejecutivo federal la creación de la Comisión Federal de Electricidad, con el fin de implementar un sistema nacional encargado de generar, transmitir y distribuir energía eléctrica para atender el interés general; dicha iniciativa se aprobó en enero del año siguiente.

La falta de uniformidad en la generación, con industrias operando su maquinaria a 60, 50 o 40 ciclos, el escaso crecimiento en la electrificación del país y otros problemas técnicos,  se tradujeron en una baja calidad en el suministro de energía. Así en 1960, sólo el 44% de los casi 35 millones de habitantes contaba con servicio eléctrico.

Ese año, el 27 de septiembre, el presidente Adolfo López Mateos nacionalizó la totalidad de la industria eléctrica del país, al establecer la compra de las empresas que tenían a cargo el suministro de la energía eléctrica en la zona centro de la República (todo el Distrito Federal, gran parte del Estado de México y algunos municipios de Morelos, Puebla e Hidalgo).

Basado en el principio de que la generación, transferencia y provisión  de energía eléctrica como un servicio público, no debía ser prestado por compañías extranjeras que afectaban la soberanía nacional e impedían el desarrollo del país, el gobierno adquirió en 52 millones de dólares, el 90% de las acciones de The Mexican Light and Power Co., y se hizo cargo de sus pasivos (78 millones de dólares).  Por 70 millones de dólares también obtuvo las acciones de la American and Foreign Power Company.

Ante miles de trabajadores congregados en el Zócalo de la Ciudad de México, pronunció un discurso breve, donde como parte central expresó: “…Al tomar posesión la nación mexicana de la Compañía de Luz, se consuma un largo esfuerzo desarrollado por el pueblo de México para tener en sus manos la energía eléctrica que en el país se produce por manos de mexicanos.”

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